La transferencia embrionaria es uno de los momentos más emocionantes y esperados de todo tratamiento de Fecundación In Vitro (FIV). Una vez que el embrión ha sido depositado con delicadeza en el útero materno, comienza la conocida como betaespera: esos días de paciencia antes de realizar la analítica de sangre para confirmar el embarazo. Cuando este proceso coincide con el verano o con períodos vacacionales, a muchas de nuestras pacientes en la clínica de reproducción asistida en Marbella les asalta una duda muy común: ¿Es seguro viajar en avión después de la transferencia o es mejor quedarse en casa en reposo absoluto?
En torno a la betaespera circulan muchísimos mitos que, lejos de ayudar, suelen generar un estrés innecesario en la mujer. Uno de los temores más extendidos es el de viajar. A continuación, desmentimos los mitos principales y te explicamos qué dice la medicina reproductiva sobre los viajes en avión en esta etapa tan crucial.
El gran mito: ¿Puede desprenderse el embrión por la presión del avión o el movimiento?
La respuesta médica es un no rotundo. Existe la falsa creencia de que la presión de la cabina del avión, las turbulencias o el traqueteo del viaje podrían hacer que el embrión «se caiga» o no llegue a implantar. Sin embargo, anatómicamente esto es imposible.
El útero no es una cavidad rígida ni vacía; es un órgano muscular cuyas paredes se encuentran juntas y acolchadas por el endometrio. El embrión es microscópico y queda perfectamente protegido en ese espacio, adherido por las fuerzas naturales del propio tejido uterino. Los cambios de presión atmosférica que se experimentan durante un vuelo comercial no afectan en absoluto al interior del útero ni interfieren en los procesos biológicos y químicos de la implantación. Por tanto, viajar en avión es completamente seguro desde el punto de vista del embrión.
Las realidades médicas: ¿A qué debemos prestar atención al viajar?
Aunque el avión en sí mismo no supone un riesgo para el embrión, viajar durante la betaespera sí requiere tener en cuenta un par de aspectos logísticos y de salud general que son importantes para el bienestar de la mujer:
El principal factor de riesgo en vuelos de larga duración (más de tres o cuatro horas) es la inmovilidad prolongada, que puede aumentar el riesgo de sufrir problemas de circulación o trombosis. Tras una estimulación ovárica o debido al tratamiento con estrógenos y progesterona, los niveles hormonales de la mujer son más altos de lo habitual, lo que predispone ligeramente a la retención de líquidos. Para prevenirlo, basta con seguir unas pautas sencillas: levantarse a caminar por el pasillo del avión cada hora para activar la circulación de las piernas, usar ropa cómoda y holgada, y mantenerse muy bien hidratada bebiendo agua durante todo el trayecto.
Por otro lado, está el factor del estrés logístico. El verdadero enemigo del tratamiento no es el medio de transporte, sino la ansiedad que puede provocar un viaje accidentado. Correr por la terminal para no perder una escala, cargar maletas excesivamente pesadas o el agobio de los retrasos pueden elevar los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Si vas a viajar, la recomendación es planificar todo con el tiempo suficiente para que el trayecto sea una experiencia relajada y agradable.
La medicación: Tu compañera de viaje imprescindible.
Si decides disfrutar de tus vacaciones tras la transferencia embrionaria, el punto más crítico que no puedes descuidar es la continuidad de tu tratamiento de soporte. La progesterona vaginal o subcutánea y el resto de la medicación pautada por tu ginecólogo no se pueden interrumpir bajo ningún concepto.
A la hora de volar, lleva siempre toda la medicación en tu equipaje de mano y nunca en la maleta facturada, evitando así el riesgo de perderla si el equipaje se extravía. Asimismo, solicita a tu clínica de fertilidad un informe médico oficial en el que se certifique que estás bajo tratamiento médico y que necesitas transportar agujas, fármacos o aplicadores. De esta manera, pasarás el control de seguridad del aeropuerto sin contratiempos.
Conclusión: El descanso mental es la prioridad.
Salvo que tu ginecólogo te haya indicado un reposo médico específico por alguna complicación concreta del ciclo, hacer vida normal y viajar está permitido. De hecho, para muchas mujeres, cambiar de aires, pasear por un entorno relajante como Marbella o disfrutar de unos días de desconexión en la playa es la mejor manera de conseguir que los días de la betaespera pasen más rápido, manteniendo la mente ocupada y lejos de la obsesión por los síntomas.
Si resides fuera o estás planeando pasar tus días de descanso en la Costa del Sol y necesitas el respaldo de un equipo médico de confianza para resolver tus dudas durante el proceso, en FIV Ochoa estamos a tu lado.
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